Los orígenes de la violencia según los especialistas

Origenes de la Violencia

Orígenes de la Violencia

La sociedad actual es a la vez creadora y víctima de la creciente problemática que constituye la violencia. Pero antes de analizar el resultado (el hecho violento), debemos analizar cuáles son las situaciones y causas que llevan a que ese hecho suceda. Para ello, les propongo leer las opiniones de distintos autores.

La violencia en general ha estado presente desde lo inicios de los tiempos y tomando las formas más variadas, tanto a nivel individual como social: desde la corrupción de orden moral y económico a niveles de los poderes administrativos y financieros acompañada de una extrema ineficiencia (que traen consigo otros males tales como el desempleo, el obligado desarraigo, la pobreza, el hambre,  la fundación de una cultura de mendicidad), hasta el más humillante sometimiento y los crímenes de lesa humanidad (E. Bichi).

 A través de los siglos los grupos humanos lucharon encarnizadamente contra aquellos que consideraban sus dos mortales enemigos: la amenaza hiperpotente de las fuerzas de la naturaleza y los “fuera de la tribu”, o aún dentro de ella, los “diferentes”, “los otros”. Durante el último siglo “los fuera de la tribu”, “los otros”, han sido tomados por ciertos grupos humanos como sus acérrimos enemigos, a tal punto que debieron no sólo someterlos sino eliminarlos, asesinarlos. Y sin embargo, la pertenencia a la tribu no garantiza hallarse a salvo de la violencia que cotidianamente ejercen entre sí los semejantes.

Para J. Lacan, si hay agresión es porque alguien hace algo a alguien, y manifiesta una violencia que se ejerce como intención de agresión que implica a un sujeto.

La psicóloga María Viviana Torres entiende a la agresividad como sinónimo de acometividad que implica provocación y ataque. Las manifestaciones agresivas pueden actualizarse en conductas reales o de la fantasía, dirigirse a dañar a otro, a destruirlo,  a contrariarlo, a humillarlo, etc.,  y forma parte de la vida cotidiana. Desde la negación de ayuda al ataque o la autoprotección, la pulsión agresiva se encuentra des-fusionando procesos subjetivos y afectando el desarrollo emocional.

Freud vinculó con la agresividad la “ambivalencia” o coexistencia entre lucha y afecto y refiere a la agresividad como una de las formas de actividad que desorganiza y fragmenta, resultando responsable de la de-fusión.

Winnicott (1958) enuncia que “… si la sociedad está en peligro no es a causa de la agresividad del hombre, sino de la represión de la agresividad individual de los individuos” (Ob. Cit. pág. 279). Considera que la agresión real remite al inicio de la vida  y se sitúa en la expresión primitiva de amor. Los primeros impulsos amorosos nos llevan a relacionar la agresión con la experiencia instintiva.

El filósofo y escritor francés Jean-Marie Muller opina: “está en la naturaleza del hombre ser al mismo tiempo capaz de ser bueno y de ser malo. El hombre es, a la vez, capaz de mala-violencia y de bene-violencia, de bondad y de maldad, de amor y de crueldad, de ternura y de odio. Si existen en la naturaleza del ser humano estas dos capacidades, estas dos potencialidades, la pregunta que se plantea a cada uno de nosotros es cuál parte de nosotros mismos vamos a cultivar. Solamente podemos cultivar lo que nos ofrece la naturaleza. La cultura de desarrollar lo que ya se encuentra en germen en la naturaleza. Ahora bien, precisamente, el hombre social ha, sobre todo, cultivado la violencia.”

Thomas Hobbes entiende que la conducta humana tiende a la acción motivada por el afán de supervivencia. Afirma que los seres humanos son naturalmente iguales y esta igualdad natural les lleva a competir para satisfacer su deseo de posesión, hecho que produce una situación permanente de guerra de todos contra todos. Agrupa los motivos de la riña en la naturaleza humana en tres: la competición, la inseguridad y la gloria o reputación. La naturaleza de esta guerra de unos contra otros no está en la lucha en sí misma, sino en la actitud y el sentimiento que cada individuo tiene de sus semejantes, es una hostilidad y disposición constante a la guerra.

Para Gustavo Le Bon: “El más singular de los fenómenos presentados por una masa psicológica es el siguiente: cualesquiera que sean los individuos que la componen y por diversos o semejantes que puedan ser sus estilos de vida, sus ocupaciones, su carácter o su inteligencia, el sólo hecho de hallarse transformados en una multitud les dota de una especie de alma colectiva. Esta alma les hace sentir, pensar y obrar de una manera por completo distinta de cómo sería, pensaría y obraría cada uno de ellos aisladamente.

Veamos ahora la opinión de Sigmund Freud, basado en la teoría de Le Bon: “en determinadas circunstancias, nacidas de su incorporación a una multitud humana que ha adquirido el carácter de “masa psicológica”, aquel mismo individuo al que ha logrado hacer inteligible piensa, siente y obra de un modo absolutamente inesperado (…) se borran las adquisiciones individuales, desapareciendo así la personalidad de cada uno de los que la integran (…) La aparición de los caracteres peculiares a las multitudes se nos muestra determinada por diversas causas. La primera de ellas es que el individuo integrado en una multitud adquiere, por el solo hecho del número, un sentimiento de potencia invencible, merced al cual puede permitirse ceder a instintos que antes, como individuo aislado, hubiera refrenado forzosamente. Y se abandonará tanto más gustoso a tales instintos cuanto que por ser la multitud anónimo, y, en consecuencia, irresponsable, desparecerá para él el sentimiento de la responsabilidad, poderoso y constante freno de los impulsos individuales (…) Una segunda causa, el contagio mental, interviene igualmente para determinar en las multitudes la manifestación de carácter especial y al mismo tiempo su orientación (…) Dentro de una multitud, todo sentimiento y todo acto son contagiosos, hasta el punto de que el individuo sacrifica muy fácilmente su interés personal al interés colectivo (…) Una tercera causa determina en los individuos integrados en una masa caracteres especiales, a veces muy opuestos a los del individuo. Me refiero a la sugestibilidad (…) un individuo puede ser transferido a un estado en el que, habiendo perdido su personalidad consciente, obedezca a todas las sugestiones del operador que se la ha hecho perder y cometa los actos más contrarios a su carácter y costumbres (…) un estado muy particular, muy semejante al estado de fascinación del hipnotizado.”

Como podemos observar, los orígenes de la violencia son diversos y son muchos los aspectos a tener en cuenta al momento de analizar las causas de las mismas.

 

Escrito por: Mariana Guitin, Camila Araujo, Ariadna Deon.

 

 

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